Plantel Ensenada conmemora el dìa de muertos

Como ya es tradición, el pasado viernes 31 de octubre el Plantel Ensenada conmemoro el día de muertos, con su tradicional concurso de altares, sin lugar a dudas una de las fiestas con más arraigo y tradición en nuestro país. El concurso tuvo lugar en la explanada del plantel, donde se instalaron 27 altares contando con la entusiasta participación de toda la comunidad estudiantil y el apoyo de maestros y autoridades. En esta ocasión el jurado estuvo integrado por la LAE. Ma. Elena Luna Issac, la Sra. Ruth Chávez de Vera y la Lic. Ma. Evelia Zepeda, tres distinguidos miembros de la comunidad.

Uno de los propósitos de esta actividad es mantener viva una de las más bellas y antiguas tradiciones mexicanas, además de reafirmar la identidad y cultura nacional de nuestros jóvenes estudiantes a través de su activa participación de la celebración del día de muertos.

Según las tradiciones y creencias de las civilizaciones prehispánicas mexicanas, cuando una persona muere su espíritu continúa viviendo en Mictlán, lugar de residencia de las almas que han dejado la vida terrenal. Los Dioses benevolentes crearon este recinto ideal que no tiene nada de tenebroso y es más bien tranquilo y agradable, lugar donde las almas reposan plácidamente hasta el día especial del año, en que retornan a sus antiguos hogares para visitar a sus parientes.

El calendario ritual señala dos ocasiones para la llegada de los muertos. Cada una de ellas es una fiesta de alegría y evocación, en las cuales el llanto o dolor no existen, pues la visita cordial de los difuntos no puede ser motivo de tristeza. En esta tradición se manifiesta con creces la exagerada hospitalidad de los mexicanos, hay que deleitar a los convidados y dejarlos satisfechos con todo aquello que en vida fue de su agrado y asombro: la comida, la bebida y sus pertenencias más queridas.

Desde remotas épocas hasta la actualidad, el “banquete mortuorio”, resplandece en todas las moradas nacionales, desde los humildes jacales o casas rústicas, hasta las residencias y mansiones. La comida ritual se efectúa en un ambiente regiamente aderezado en el que vivos y muertos se hacen compañía. Cada pueblo y región ofrece variados diseños e ideas para este evento, pero todos con la misma finalidad: recibir y convidar a los invitados, y convivir o tal vez, “conmorir” con ellos.